Sección Sindical ESK · IIS Bioaraba
Caso ÁFRICA: crónica de un despido por represalias
La verdad detrás de su despido y la respuesta colectiva de la Sección Sindical de ESK.
Trayectoria intachable
Para entender lo ocurrido con nuestra compañera África, Técnica Superior del Laboratorio de Genética, Epigenética y Biología Celular, es necesario conocer primero su trayectoria en Bioaraba.
África llegó al Instituto para realizar sus prácticas de TFG y TFM entre 2019 y 2021. Desde entonces, fue encadenando contratos de investigación hasta ocupar su puesto actual, desarrollando su trabajo con una trayectoria intachable y un alto grado de compromiso.
Desde enero de 2023, el laboratorio permaneció cerca de tres años sin una figura de coordinación directa y con una reducción progresiva de personal. No era una situación nueva: anteriormente, otra persona técnica ya había abandonado el puesto por los mismos problemas organizativos.
Ante esta situación, África fue asumiendo progresivamente la responsabilidad de mantener el funcionamiento diario de la plataforma. Entre sus tareas estaban la organización del trabajo, la gestión de compras y equipamiento, la elaboración de tarifas, inventarios y Procedimientos Normalizados de Trabajo (PNT), así como la interlocución técnica en los proyectos de investigación.
En la práctica, estaba sosteniendo buena parte de la coordinación y gestión del laboratorio, sin que ese trabajo tuviera el correspondiente reconocimiento en su perfil profesional.
Reclamaciones justas
En octubre de 2025, después de años asumiendo estas responsabilidades, África comenzó a solicitar formalmente a Recursos Humanos y a la Dirección que se definieran sus funciones y se revisara su Perfil Técnico para adecuarlo al trabajo que realmente estaba desempeñando.
Durante meses, sus reclamaciones no obtuvieron una respuesta efectiva. La Dirección guardó silencio y fue aplazando cualquier posible solución, mientras la sobrecarga de trabajo y la falta de reconocimiento seguían aumentando.
Esta situación acabó provocando un importante desgaste psicológico y emocional. Ante la inacción de la Dirección, el 30 de enero de 2026, la Representación Legal de las Trabajadoras (RLT) impulsó la apertura del Protocolo de Riesgo Psicosocial, poniendo sobre la mesa un conflicto de carácter organizativo y una situación de falta de respuesta y responsabilidad por parte de la empresa.
A raíz de la apertura del protocolo, el Instituto convocó finalmente una plaza de responsable de laboratorio a jornada parcial, con funciones que coincidían sustancialmente con las que África llevaba años desempeñando.
Sin embargo, en abril de 2026 se incorporó a otra persona mediante promoción interna, quedando excluida del puesto. Pese a solicitarlo por escrito, no se le facilitó la documentación con las puntuaciones del proceso selectivo.
A pesar de todo, continuó colaborando con el laboratorio y transmitiendo a la nueva responsable los conocimientos necesarios para garantizar su funcionamiento.
Represalias: expediente, baja por ansiedad y despido
El 7 de mayo de 2026, África volvió a reclamar por escrito dos cuestiones que seguían pendientes: las puntuaciones del proceso selectivo y la revisión de su Perfil Técnico.
La respuesta llegó apenas 24 horas después. El 8 de mayo, la Dirección Científica en funciones y Recursos Humanos la convocaron de urgencia para comunicarle la apertura de un expediente informativo y su apartamiento cautelar del puesto, acusándola de haber borrado archivos del laboratorio.
La Dirección optó por la vía disciplinaria sin activar previamente su propio Protocolo de Conflictos Internos ni convocar al Equipo de Gestión de Conflictos para esclarecer lo sucedido.
Durante aquella reunión, África explicó que no se había eliminado ningún documento. Sin embargo, desde la Dirección Científica en funciones se le llegó a trasladar que sus explicaciones no tenían relevancia en ese momento, que el despido era una posibilidad y que no podía abandonar la sala sin firmar la notificación.
La presión acumulada durante meses, la falta de solución al conflicto organizativo y la forma en que se desarrollaron estos acontecimientos desembocaron en una crisis aguda de ansiedad. África tuvo que recibir asistencia médica de urgencia y causó baja laboral ese mismo día.
Mientras África permanecía de baja médica, lejos de abordar las causas del conflicto, Recursos Humanos cerró el Protocolo de Riesgo Psicosocial sin ofrecer una solución efectiva. Además, le retiraron los accesos informáticos, incluida su carpeta personal, al tiempo que le exigían explicaciones sobre la ubicación de unos archivos. Una situación que dificultaba enormemente su posibilidad de defenderse y aportar documentación.
Finalmente, el 8 de julio, Bioaraba comunicó su despido disciplinario mediante burofax. África todavía se encontraba de baja médica.
Los hechos frente a las acusaciones de la Dirección
Hay una cuestión fundamental que toda la plantilla debe conocer: el verdadero origen de este conflicto nunca han sido los archivos supuestamente eliminados, que en ningún momento fueron borrados ni desaparecieron del sistema informático corporativo. El conflicto viene de mucho antes.
La documentación, elaborada en buena parte por la propia África durante los años en los que sostuvo el funcionamiento del laboratorio, permaneció en todo momento dentro del sistema informático del Instituto y en el disco duro del laboratorio, utilizado habitualmente por el personal.
La evolución de las acusaciones de la Dirección resulta especialmente significativa. En nuestro escrito de alegaciones respondimos y rebatimos punto por punto los hechos que se le imputaban. Posteriormente, la carta de despido modificó aspectos esenciales de aquella acusación:
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Del supuesto borrado a una supuesta falta de disponibilidad: inicialmente se acusó a África de haber eliminado gran parte de las carpetas del laboratorio. Sin embargo, se acreditó que no había existido destrucción de documentos y que el 100 % de los archivos de red pudo restaurarse mediante las copias de seguridad del sistema. Ante ello, la carta de despido sustituyó la acusación de borrado por expresiones como «retirada» o «falta de disponibilidad temporal».
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Negar las funciones que realmente desempeñaba: para cuestionar su trayectoria, la Dirección llegó a afirmar que el Instituto nunca le había encomendado funciones de coordinación. Una afirmación que contradice la documentación existente, respaldada por decenas de correos electrónicos, actas y proyectos en los que constan las responsabilidades que África venía asumiendo.
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Una investigación incompleta y sin garantías suficientes: la decisión de despedirla se apoyó en sospechas y en una auditoría que no examinó todos los equipos informáticos del propio laboratorio de Bioaraba. Consideramos que una acusación de esta gravedad exigía una investigación rigurosa, completa y basada en pruebas, algo que no ocurrió.
Estos elementos ponen en cuestión tanto la solidez de las acusaciones como la proporcionalidad de la decisión adoptada por la Dirección.
Esto no va a quedar así: defender a las trabajadoras, sin excepciones
Hay quienes consideran que, mientras no exista una sentencia judicial, no debemos hablar de represalias ni señalar las actuaciones de la Dirección. Nosotras pensamos justamente lo contrario: la representación sindical no está para esperar a que un juez diga lo que podemos denunciar, sino para defender a las trabajadoras, señalar las injusticias y decir las cosas claras cuando se producen.
Por supuesto, serán los tribunales quienes deban determinar las responsabilidades jurídicas. Pero eso no nos obliga a guardar silencio ante unos hechos que consideramos gravísimos, ante unas acusaciones que hemos desmontado documentalmente y ante una actuación de la Dirección que, a nuestro juicio, responde a una represalia por reclamar derechos laborales y profesionales. No vamos a tapar los hechos ni a disfrazar lo ocurrido con eufemismos para evitar incomodar a nadie. Nuestro deber es denunciarlo, señalarlo y ponernos del lado de quien se encuentra en una situación de indefensión. Y en este caso, esa persona es África.
África continúa de baja médica. Lo ocurrido ha supuesto un golpe muy duro para ella y el camino que tiene por delante tampoco está siendo fácil. Pero queremos que tenga algo muy claro: no está sola y no vamos a dejarla sola. Desde la Sección Sindical de ESK, junto a nuestros servicios jurídicos y con el apoyo de nuestras compañeras y compañeros, hemos trabajado para recopilar toda la documentación que acredita su trayectoria y las responsabilidades que ha desempeñado, responder a las acusaciones de la Dirección y llevar el caso ante los tribunales. Hemos presentado una demanda solicitando la nulidad radical del despido por vulneración de derechos fundamentales y vamos a llegar hasta el final.
Tenemos un equipo humano y sindical del que estamos muy orgullosas. Un equipo que entiende que la defensa de los derechos laborales no puede depender de estar afiliada a un sindicato o a otro, ni siquiera de estar afiliada. Defendemos a todas las trabajadoras y trabajadores, porque cuando se vulneran derechos, nos afecta al conjunto de la plantilla. Esa es nuestra forma de entender la acción sindical y así vamos a seguir trabajando.
Y si algo deja claro lo ocurrido con África es que nadie está a salvo de las consecuencias de una Dirección cuya gestión consideramos, como mínimo, negligente. Hoy le ha tocado a una compañera que llevaba años sosteniendo un servicio y que simplemente reclamó que se reconociera su trabajo. Mañana podría ser cualquiera.
Por eso no podemos mirar hacia otro lado, ni normalizar estas situaciones, ni permitir que el miedo a las consecuencias nos haga renunciar a reclamar lo que nos corresponde.
Seguimos peleando hasta que se haga justicia con África. Seguimos en lucha.
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